El calor que nos espera no espera.
Será el calor agobiante mezcla de sudor y
sopor…será esta ola de calor larga, expansiva y con seguridad la que dispare
las facturas de la luz. Una
luz por cierto que pagamos con creces,
en Euros, (no vaya a intentar calcular el gasto energético mezcla fósil,
mezclilla renovables en Rupias y se le
pongan los ojos como los neoovnis) .
Será el calor, este bochornoso y caliente
sudadero y porque ¡no! , maloliente, que
pinta todas las noches nuestros óleos cuerpos de chirimiri grotesco, terco y
parlante sudor, hablando hasta la madrugada. Teniéndonos
tumbados desprovistos de pintor.
Será, que a lo mejor esta ola de
calor viene a comunicarnos (aunque los medios no estén hablando calurosamente
de ello, me refiero a los medios mass media), que los veranos serán más o menos
así, que las olas de calor nos acompañaran en nuestra rutina veraniega. Y no
hace falta leer en entrelineas para saber al menos que el cambio climático
tiene mucho que ver en esto. Y por encima del cambio, nuestros hábitos de
conducta, el grasiento
motor de la economía
productiva, la quema de energías fósiles,…
Porque el cambio climático está
aquí y es producto de nuestro sistema productivo a escala mundial, porque los
casquetes del polo norte se están derritiendo, y mucho, y en la Antártida mucho
me temo que a marchas forzadas, se están deshelando grandes capas de hielo,
grandes cascotes como la sierra del Peral. Imaginaos si la Sierra del Peral se
cayera redonda en una siesta de éstas, entonces La Casa del agua, esa cultura
cerrada se llenaría de rocas y el agua nos ahogaría. Podríamos (en un ejercicio
de imaginación acuático) ir en Kayak a la pradera y reconocer
institucionalmente aquel lugar como centro acuático post-cambio climático en
una ola de calor larga, extensible y para nada fruto del azar de las ciencias
climáticas. Seguro que entorno a ese juego acuático en la pradera se formarían
actos pesados y aburridos, con notoriedad institucional. La gente, nosotros,
vosotras y ellos, sólo seríamos esa bola de goma, juntita y mudita, aferrándose
al acto, y murmullando está boca no es mía.
Será que en Diciembre, en la
cumbre del Panel intergubernamental del cambio climático.__ ¡.ufff... espera
que me ahogo . aire__!!..., y en Francia
donde los países del mundo intentarán de nuevo hacer el paripé para combatir el
cambio climático. Y de lo que estoy seguro es que saldrá reforzado el mercado
de emisiones de carbono, para lo cual seguro que ya el Peral y el Cañaveral
están siendo olfateados por una empresa súper contaminante tipo Estado de
Derecho internacional corporativista, para contrarrestar sus emisiones y
comprar las absorciones de nuestro retiro más cercano, a 7 kilómetros sólo de
Valdepeñas. Para que esa empresa contaminante auspiciada por su Estado, pueda
seguir emitiendo miles de toneladas más de dióxido de carbono a la Atmósfera. Y ya
puestos decir que a modo de resumen no apocalíptico, tenemos encima de nuestra
realidad distorsionada un problemon del que
( vuelvo a decirlo)los medios masivos son incapaces de remarcar en su
agenda de noticias tipo lotes, comprados a las agencias de noticias.
El calor que nos espera no
espera. Y el cambio climático menos aún.
Está aquí, ha venido a quedarse , está rondando por aquí, y aunque desde hoy, ,
redujéramos el Co2 que emite la sociedad actual a la atmosfera, lo que venimos
haciendo desde la era industrial ya pasa su factura, y esos dos grados centígrados
que aumentará la temperatura, no la podremos evitar, repito , aunque desde ya
se redujera.
Precisiones.
Nuestra generación está a punto de heredar un mundo en
crisis del sistema sin precedentes. La desigualdad, la pobreza, la opresión en
todas sus formas, el cambio climático, el control corporativo de nuestra
democracia, estos son síntomas de fallos en los sistemas, políticas y
ecológicas económicas interconectadas. Y mucho me temo que el cambio climático
debería de
Ser una prioridad a escala mundial.
“Si para sobrevivir hay que
conservar el mundo, primero
hay que restaurar la capacidad
humana de restauración”.
Vandana Shiva
Jesús M. Crespo .
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