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martes, 17 de marzo de 2026

Tipos de partidos en la era de la política personalista

 


Revista Mexicana de Derecho Electoral, 12(22), enero-junio de 2025, e20492
e-ISSN: 2448-7910 DOI: https://doi.org/10.22201/iij.24487910e.2025.22.20492
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Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional
Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México

Tipos de partidos en la era de la política personalista

Party Types in the Age of Personalized Politics

Gideon Rahat 

Universidad Hebrea de Jerusalén

Israel

Resumen: En las últimas décadas, las democracias en general y los partidos políticos en particular han experimentado una personalización política considerable. El equilibrio entre los políticos (uno o varios) y el equipo (el partido como una entidad colegiada) ha cambiado, y las tipologías existentes de partidos ya no resultan adecuadas para el análisis de la política democrática actual. Aunque se han propuesto algunos nuevos tipos de partidos personalistas, lo que falta es un intento sistemático de contrastarlos con las organizaciones colegiadas. Para subsanar esta laguna, el presente artículo propone una nueva clasificación de partidos políticos. La clasificación incluye cinco tipos ideales de partidos: dos tipos personalistas-descentralizados, que se refieren a colectivos de activistas autónomos o políticos individuales autónomos; un tipo colegiado, basado en la centralidad del equipo y en las autoridades colegiadas y la toma de decisiones colegiada; y dos tipos personalistas-centralizados, centrados en la figura de un político individual en su calidad de líder del partido o de un individuo específico que “posee” el partido.

Palabras clave: partidos políticos; liderazgos; política personalista; democracias.

Abstract: Democracies in general and political parties in particular have undergone political personalization in recent decades. The power balance between politicians (one or many) and the team (the party as a collegial entity) has changed, and existing party typologies are no longer suited to the analysis of today’s democratic politics. Although some new personalized party types have been added, what is missing is a systematic attempt to contrast them with the collegial option. This article proposes a new classification of political parties to fill the lacuna. It includes five ideal types of parties: two personalized-decentralized types, referring to collections of separated autonomous activists or to separated autonomous individual politicians (plural); a collegial type, which is about the centrality of the team and is based mainly on collective authorities and collective decision making; and two personalized-centralized types, referring to the centrality of an individual politician in her capacity as the party leader or that of a specific individual who “owns” the party.

Keywords: political parties; leaderships; personalist politics; democracies.

I. Introducción1

Para parafrasear la frase final de Krouwel (2012, p. 288) en un libro que propone una metatipología de las tipologías existentes de los partidos políticos, “qué ridículo sería sugerir una nueva clasificación de partidos”.2 Y, sin embargo, es justo lo que se necesita en la era de la política personalista, impulsada por el proceso de personalización política (Cross, Katz y Pruysers, 2018; Rahat y Kenig, 2018). Se han creado numerosos partidos como plataformas para los políticos: a veces para su líder y, otras veces, para sus políticos en general. Los partidos más antiguos han resistido, aferrándose a sus hábitos colegiados, o bien se han adaptado y han creado un nuevo equilibrio entre lo personal y lo colegiado. Estos procesos remiten a cuestiones esenciales de la política: la distribución del poder y los dilemas de acción colectiva.

Este artículo propone una nueva clasificación de partidos adaptada al contexto de la política personalista. Se trata de una herramienta de investigación oportuna que —al abordar la esencia de la política (el poder) y la organización de los partidos (la acción colectiva)— se sostiene firmemente en comparación con las tipologías existentes en términos de simplicidad y parsimonia, universalismo, utilidad y resistencia en el tiempo. No pretende reemplazar las tipologías existentes, sino unirse, con sus propios méritos, a ese conjunto. Una colección de tipologías es necesaria, porque “no existe un esquema universalmente válido[...] La utilidad de un esquema depende en parte de lo que queremos saber” y porque “una clasificación útil para un propósito puede no serlo para otro” (Wolinetz, 2002, p. 149).

En la primera parte del artículo se revisa la perspectiva descriptiva integral y abstracta de las clasificaciones y tipologías de partidos y se evidencia cómo la nueva clasificación propuesta aborda sus limitaciones. En la segunda parte, se explica la necesidad de esta nueva clasificación que aborda el auge de la personalización de la política en general y de los partidos en particular, así como las preocupaciones teóricas que atañen a la política y a los partidos. También se muestra que las tipologías y clasificaciones existentes no son lo suficientemente sensibles a la política personalista: aunque se han elaborado algunos tipos nuevos que se centran en los partidos personalistas, hasta el momento no ha habido un intento sistemático de contrastarlos con la opción colegiada. En la tercera parte, se describe la nueva clasificación y sus cinco tipos ideales de partidos políticos: dos tipos personalistas-descentralizados —colectivos de activistas autónomos separados (movimiento) o políticos individuales autónomos separados (red)—; un tipo colegiado, enfocado en la centralidad del equipo y en la toma de decisiones colegiadas y dos tipos personalistas-centralizados, que giran en torno a un político individual en su calidad de líder del partido (líder) o de un individuo específico que posee el partido (personal). En la cuarta sección, se operacionaliza la clasificación, se enumeran cinco indicadores que permiten diferenciar entre estos tipos de partidos, lo que permite identificar dónde se ubica cada partido. Luego, se utiliza esa operacionalización para evidenciar el valor de la clasificación al examinar ejemplos del “mundo real”. Finalmente, el artículo evalúa las ventajas y limitaciones de la clasificación propuesta.

II. ¿Por qué necesitamos tipologías clasificaciones? La nueva clasificación propuesta

La razón fundamental para crear una clasificación o tipología de partidos con tipos ideales weberianos es su valor descriptivo, integral y abstracto.3 Katz y Mair (2018, p. 128) definen las tipologías como un “primitivo teórico, usado para teorizar sobre relaciones y procesos en ausencia de las complicaciones desordenadas del mundo real”. Como tales, los tipos ideales proporcionan “etiquetas fácilmente comprensibles que ayudan a quien lee a captar más fácilmente los conceptos complejos y multidimensionales que, de otro modo, serían opacos” (Gunther y Diamond, 2003, p. 172). Las tipologías facilitan el desarrollo de un lenguaje de investigación común y estandarizado, permitiendo que este avance sin necesidad de empezar desde cero cada nuevo estudio.

Los tipos ideales desempeñan este papel en el análisis diacrónico (Katz y Mair, 1995; 2018) y sincrónico de la evolución de los partidos (Duverger, 1965; Kirchheimer, 1966) e incluso lo hacen de manera simultánea (Gunther y Diamond, 2003). Al resumir características que se distribuyen entre muchos partidos en varios países, los académicos también los utilizan para desarrollar herramientas metodológicas (Krouwel, 2012) y diagnosticar problemas de las democracias contemporáneas (Ignazi, 2017; Katz y Mair, 2018).

La limitación inherente de este tipo de herramienta es que “uno no debería esperar que los partidos reales se conformen plenamente a los criterios que definen cada tipo de partido; de manera similar, algunos partidos pueden incluir más de un tipo ideal” (Gunther y Diamond, 2003, p. 172). La clasificación aquí propuesta incluye tipos ideales que podrían servir como hitos para trazar la evolución de los partidos (aunque no exclusivamente en el contexto de la personalización política) y como referencias para ubicar partidos en un momento específico en el tiempo (aunque no exclusivamente en el contexto de los partidos personalistas). Esta tipología no pretende trazar categorías normativas estrictas. La mayoría de los casos del mundo real —si no todos— se ubicarán entre estos tipos ideales.

Por simplicidad, la tipología se presenta aquí como un continuo que va desde el “personalismo descentralizado”, una situación en la que los individuos tienen mayor importancia relativa que el grupo político, hasta la “colegialidad”, donde el grupo político tiene mayor importancia relativa que los individuos, y hasta el personalismo-centralizado, donde un solo político tiene mayor importancia relativa que los grupos políticos.4 Siguiendo esta lógica, el modelo puede adaptarse al análisis en una escala ordinal y también puede utilizarse para ajustar escalas de intervalo y de razón. Estas diferenciaciones pueden percibirse también como ejes en un mapa bidimensional (la colegialidad como punto cero, un eje para el personalismo-centralizado y un eje para el personalismo-descentralizado) o como un espacio triangular entre la colegialidad, el personalismo-centralizado y el personalismo-descentralizado en cada vértice.

III. ¿Por qué una nueva clasificación? La personalización política más allá

Antes de explicar por qué se necesita la clasificación propuesta, es necesario aclarar brevemente su lógica rectora principal. En términos simples, la nueva tipología permite diferenciar entre los partidos —concebidos según su definición minimalista como organizaciones que presentan candidaturas a cargos públicos— y determinar si estos son colegiados o personalistas: ¿son principalmente equipos o plataformas para un líder individual (partidos personalistas-centralizados) o para políticos (partidos personalistas-descentralizados)?

1. Una mirada empírica: la personalización de la política de los partidos políticos

Volviendo a Krouwel (2012, p. 288), se sugiere una nueva clasificación de partidos; dado que el fenómeno de la personalización política lo justifica. Krouwel identificó la personalización como un factor importante en el desarrollo de los partidos, pero subestimó su magnitud. Esto tenía sentido en el momento en el que escribía, cuando los dos mayores intentos comparativos por identificar y medir la personalización a nivel transnacional (que él mismo citaba) arrojaban hallazgos escépticos y mixtos (Adam y Maier, 2010; Karvonen, 2010).

Una década después, ese escepticismo ha sido reemplazado por una comprensión sólida de cómo la personalización política ocurre en las democracias e influye en diversos ámbitos. Se ha agregado nueva evidencia a los datos existentes sobre la presidencialización de los regímenes parlamentarios (Poguntke y Webb, 2005a) y sobre la personalización en la cobertura mediática de la política (Adam y Maier, 2010; Karvonen, 2010).5 Se realizaron investigaciones sobre la personalización de los sistemas electorales (Renwick y Pilet, 2016), la creciente presidencialización de los regímenes parlamentarios (Poguntke y Webb, 2018), la personalización del comportamiento electoral en términos del voto personal (Renwick y Pilet, 2018) y el impacto de la evaluación de los liderazgos sobre el comportamiento de las y los votantes (Ferreira da Silva y Costa, 2019; Ferreira da Silva, Garzia y De Angelis, 2021; Garzia, Ferreira da Silva y De Angelis, 2022; pero véase Bittner, 2018). En la actualidad ya resulta evidente que la personalización política ocurre en muchas democracias consolidadas y se expresa en los cambios institucionales, en los medios de comunicación y en el comportamiento de las personas políticas y de los votantes (Rahat y Kenig, 2018).

La literatura también identificó la personalización de los partidos políticos (Blondel y Thiébault, 2010; Katz, 2019; Passarelli, 2015; Rahat y Kenig, 2018; Schumacher y Giger, 2017; Webb, Poguntke y Kolodny, 2012): esto es, una disminución en el carácter partidista del gobierno (“partyness of government”) en favor de un enfoque más personalista (Katz, 2018); la personalización en la selección de las dirigencias (Cross y Pilet, 2015; Musella, 2015) y en la selección de las candidaturas (Hazan y Rahat, 2010); y un proceso de desintermediación informal, en el cual las instituciones colegiadas de partidos se debilitan, mientras que los roles y derechos de los líderes partidistas se expanden (Pizzimenti, Calossi y Cicchi, 2022). Esta personalización ocurrió no sólo en partidos nuevos, sino también en partidos tradicionales (Musella, 2015). Este proceso puede interpretarse como una adaptación a nuevas realidades institucionales, mediáticas y culturales; como la otra cara de la moneda del declive de los partidos (Rahat y Kenig, 2018); o como la presidencialización de lo que Poguntke y Webb (2005b, p. 9) denominaron como “la ‘cara’ del partido”, lo cual implica “un cambio en el poder interno en beneficio del líder”.

Los nuevos partidos fueron creados como entidades personalistas-centralizadas (Musella, 2015). Estos incluyen los partidos radicales y populistas de derecha que fueron fundados alrededor de un líder. En contraste, algunos partidos verdes, con sus percepciones individualizadas, fueron creados como entidades personalistas-descentralizadas, viendo a cada simpatizante como un ente autónomo en sí mismo. En algunos países, como Italia e Israel, incluso los partidos relativamente jóvenes que no encajaban en familias de partidos tradicionales —como el Movimiento Cinco Estrellas en Italia y partidos centristas en Israel— adoptaron características personalistas (Rahat y Kenig, 2018). La tendencia puede observarse no solo en Europa Occidental y en las democracias consolidadas, sino también en Europa Central y Oriental (Hloušek, 2015) y América Latina (Kostadinova y Levitt, 2014; Levitt y Kostadinova, 2014).

De hecho, este fenómeno estuvo presente en los partidos latinoamericanos mucho antes de que la personalización emergiera en otros lugares del mundo. Esos partidos competían dentro de una cultura con fuerte personalismo (vinculado al personalismo-centralizado) y clientelismo (vinculado al personalismo-descentralizado) y en el marco de regímenes presidencialistas (Samuels y Shugart, 2010; Wolinetz, 2002). Las características personalistas de los partidos en algunas partes del mundo, junto con la personalización de los partidos existentes y la adición de nuevos partidos personalistas, implican que los partidos personalistas de hoy no pueden ni deben considerarse anecdóticos, temporales o marginales.

Aunque el proceso de personalización política es evidente dentro y más allá de los partidos, su intensidad varía enormemente entre países y partidos (Rahat y Kenig, 2018). En algunos casos, los partidos son mayoritariamente entidades colegiadas; en otros, casi todos los partidos giran en torno a líderes (personalistas-centralizados) y en otros más son simplemente agrupaciones laxas de individuos (personalistas-descentralizados). En la mayoría de los casos, las realidades se ubican en algún punto intermedio entre estos tipos.

2. Una mirada teórica la política partidista personalista

La Ciencia Política suele valorar a los partidos como si fueran entidades cuando, en la actualidad, a menudo funcionan más bien como individuos. Los partidos, al ser considerados entidades colegiadas, cumplen funciones institucionales que las o los políticos individuales no pueden desempeñar por sí solos, como postular candidaturas a las elecciones y llenar la mayor parte de los escaños en las legislaturas. No solo son actores formales y legales, sino que también desempeñan funciones importantes en el financiamiento de las campañas, en el seguimiento de las elecciones y en las posiciones parlamentarias y gubernamentales. Pero, internamente, el equilibrio de poder dentro de los partidos se distribuye entre la persona que ejerce el liderazgo, el partido como grupo y los individuos que lo componen.

Los partidos políticos existen porque las personas los encuentran útiles para promover sus objetivos individuales en términos de política, cargos y votos (Strom, 1990). Los partidos tienen éxito en la medida en que responden a las dos razones de su existencia: funcionan (1) como mecanismos para coordinar el comportamiento de las y los políticos y (2) como atajos para las y los votantes (Aldrich, 2011). Sin embargo, las políticas dominadas por líderes (política personalista-centralizada) tienen la capacidad de movilizar a sus bases al igual que a los órganos colegiados internos. Los partidos personalistas-descentralizados probablemente conduzcan a problemas de coordinación (Kölln, 2015); aun así, estos problemas pueden ser manejables y, a veces, incluso manejados de manera ineficiente, como sugiere el modelo “cartel estratárquico” de Carty (2004). Los liderazgos de partido (política personalista-centralizada) y las candidaturas (política personalista-descentralizada) también pueden servir como atajos para las y los votantes (Katz, 2018; Ferreira da Silva, Garzia y De Angelis, 2022).

Los partidos políticos también deben entenderse en términos de sus funciones: la provisión de identidad política, la comunicación, la formulación de políticas, la estructuración del gobierno, la movilización y el reclutamiento políticos. Sin embargo, las y los políticos pueden y, de hecho, cumplen estas funciones como individuos: los liderazgos, por ejemplo, son cruciales para motivar el voto y la participación electoral (Ferreira da Silva, Garzia y De Angelis, 2021). Las personas políticas pueden comunicarse directamente con las y los votantes a través de las redes sociales.

Los gobiernos pueden estructurarse en línea con los deseos de su líder (Poguntke y Webb, 2005a) o como un conjunto de individuos que son “comprados” a cambio de puestos gubernamentales (Rahat y Kenig, 2018). La política puede ser formulada por un liderazgo fuerte y dominante (política personalista-centralizada) o por individuos (política personalista-descentralizada). Finalmente, el reclutamiento político puede ser una cuestión de autoselección y autopromoción desde dimensiones diversas de la vida pública (los medios, el sector empresarial, las organizaciones no partidistas o las trayectorias políticas oportunistas), sin necesidad de invertir tiempo en los mecanismos internos, esperando “su turno”. Así, estas funciones pueden ser desempeñadas por individuos, incluso de manera menos eficiente (Kölln, 2015).

Ya sea que se evalúe el declive de los partidos o su adaptación, el componente colegiado se ha debilitado con claridad, y por ello se necesita una nueva clasificación que incluya el elemento personalista. La literatura reciente explora la política personalista en el área institucional (Pedersen y Rahat, 2021), especialmente en organizaciones no gubernamentales como los partidos (Rahat y Kenig, 2018).

3. Tipologías existentes partidos personalistas

Aunque diversos académicos han identificado elementos personalistas dentro de los partidos políticos, no les prestaron atención suficiente en sus clasificaciones y tipologías, no se refirieron a la personalización, o desarrollaron un modelo para describirla, pero la mantuvieron diferenciada de su esquema principal.

Ya en la década de 1950, en la época de auge del partido de masas, Duverger (1965, p. 168) observó que los partidos habían experimentado “un aumento en la autoridad de los líderes y la tendencia hacia formas personales de autoridad” desde principios del siglo XX. Incluso utilizó el término “personalización”, aunque en gran medida lo ignoró en su tipología (o más bien tipologías). Para Katz y Mair (1995, 2009), la creciente preeminencia del líder (o liderazgo de partido, que puede ser singular o plural) era solo un elemento en la evolución de los partidos que se enfocaba en las relaciones cambiantes entre partido, sociedad y Estado, y en las “tres caras” del partido. Aunque Webb, Poguntke y Kolodny (2012, p. 77) identificaron una “tendencia muy definida de los modelos más recientes para enfatizar la autonomía del liderazgo”, las y los académicos no lo vieron como una característica central de sus modelos.

Panebianco (1988, p. 264) observó (mientras delineaba cinco diferencias en dos modelos de partidos) que el partido burocrático de masas (predominante en las décadas de 1950-60) se caracterizaba por la “preeminencia de líderes internos, liderazgo colegiado”, mientras que el partido electoral-profesional que emergió después se distinguía por la “preeminencia de los representantes públicos, liderazgo personalista”. Pero esta distinción no fue presentada como el tema relevante que diferenciaba a estos partidos de otros. Panebianco incluso propuso un tipo ideal de partido personalista, el partido carismático (similar al “partido personal” aquí descrito), pero este era un “sub-paso” de su tipología y no se comparó directamente con los otros tipos ideales. Curiosamente, Panebianco (1988, pp. 171-73) se acerca mucho a la lógica de la clasificación aquí propuesta, al describir la organización de partidos como reflejo de “tres tipos de coaliciones dominantes” que difieren en términos verticales por la dispersión o concentración del poder. En otras palabras, aunque todos los ingredientes para una nueva tipología estaban allí, Panebianco no los integró en un esquema coherente.

Retomando las tipologías previas, Gunther y Diamond (2003) desarrollaron una tipología exhaustiva de 15 tipos de partidos. El aspecto personalista, sin embargo, era marginal; solo una incluía un partido personalista. De hecho, estos autores presentaron “la dinámica interna de la toma de decisiones de partidos, particularmente la naturaleza y el grado de prominencia del liderazgo del partido, que van desde una figura carismática dominante, en un extremo, hasta formas más colegiada de liderazgo, en el otro” como una de dos adiciones a las principales dimensiones para diferenciar entre partidos (Gunther y Diamond, 2003, pp. 171-72). En la clasificación aquí propuesta, por contraste, el aspecto personalista es clave, y no exclusivamente en referencia al líder, sino también a los políticos, en plural.

Otras tipologías recientes no tienen al elemento personalista como aspecto central. Wolinetz (2002), por ejemplo, sugirió una clasificación basada en objetivos de los partidos, para diferenciar entre partidos con fines electorales, orientados a cargos y con fines programáticos. Bolleyer (2011) se enfocó en la centralización territorial y la descentralización de la organización interna de los partidos. Si se colocara su clasificación frente a la que se propone en este artículo, habría que determinar cuál dimensión es más importante: la dispersión del poder o la concentración de este. Ambas clasificaciones tienen raíces históricas en una era más parroquial y también más personalista. Ambas son nuevamente relevantes, debido a la globalización y la personalización. Esto sugiere que estas tipologías podrían verse mejor no como competidoras, sino captando dos dimensiones diferentes: vertical y horizontal. Pueden servir a objetivos de investigación diferentes, pero complementarias, como las dimensiones partido-ejecutivo y federal-unitaria de los partidos de Lijphart (2012). Tal integración rebasa el alcance de este artículo, pero parece ser el camino más constructivo.

Este bajo nivel de atención al elemento personalista es comprensible y no es sorprendente que Krouwel (2012), quien intentó integrar tipologías existentes, no dejara espacio para ello. Cuando los partidos fueron construidos, siguiendo el modelo del partido de masas, eran en su mayoría instituciones colegiadas: “Una característica distintiva de los partidos políticos ha sido su carácter corporativo; es decir, el hecho de que su existencia depende de la naturaleza colectiva de su organización” (Calise, 2015, p. 303). Pero ya en 2015, Calise (p. 304) escribió que, a través de sus diversas etapas de evolución, el partido está cayendo en el ámbito de la personalización, que invade tantas esferas de la vida contemporánea. Y, sin embargo, los “partidos personalistas no están solos en la escena de la democracia contemporánea, con partidos tradicionales aún desempeñando un papel importante y a menudo decisivo” (Calise, 2015, pp. 312-313). Esto subraya la necesidad de una clasificación que incluya no solo los nuevos tipos personalistas, sino también el tipo colegiado más antiguo.

La marginación de los elementos personalistas resulta aún más comprensible al observar la literatura sobre institucionalización de los partidos. Algunas investigaciones perciben el personalismo como incompatible con la institucionalización o como un obstáculo para ella. Otras sugieren que los partidos personalistas pueden institucionalizarse bajo condiciones específicas; y, sin embargo, tal desarrollo suele interpretarse de manera casual como implicación de la despersonalización del partido (Bolleyer, 2013; Harmel y Svåsand, 1993; Mainwaring y Zoco, 2007; Panebianco, 1988; Pedahzur y Brichta, 2002). Así, hasta hace poco, crear una clasificación con el elemento personalista como eje central se habría visto como una pérdida de tiempo, ya que los partidos colegiados se consideraban el estándar, mientras que los partidos personalistas eran vistos como fenómenos marginales y anecdóticos.

4. Propuestas de tipos de partidos personalistas

Recientemente se han realizado algunos intentos para responder a la nueva realidad personalista. La mayoría de ellos no ha ofrecido una clasificación o tipología exhaustiva, sino que han sugerido añadir un nuevo modelo o módulo para atender esta necesidad.

En la década de 1990, Hopkin y Paolucci (1999) identificaron un nuevo tipo de partido: el modelo de empresa. Aunque no destacaron su naturaleza personalista, sí reconocieron la centralidad de un individuo específico para su establecimiento y supervivencia. Pero el modelo era demasiado detallado para cubrir el universo de los partidos personalistas, y no lo ubicaron dentro de las tipologías ya establecidas. En ese entonces era demasiado pronto, al parecer, para ver todas las implicaciones de la personalización política. Los partidos personalistas aún parecían una anomalía, poco probable de tener un papel central en el escenario político; por el contrario, se esperaba que se extinguieran rápidamente.

Sólo más tarde, el sistema de partidos italiano se volvió personalista a lo largo de todo el espectro político (Pasquino, 2014). Calise (2015) propuso una tipología de partidos personalistas, pero esta estaba limitada a la política italiana y no pudo aplicarse en otros contextos; además, sólo trataba con el tipo personalista-centralizado y no incluía partidos con características colegiadas. Kefford y McDonnell (2018) adoptaron un enfoque más comparativo cuando analizaron los partidos personalistas de Berlusconi en Italia y de Clive Palmer en Australia. Lograron conclusiones útiles, pero no integraron su modelo en una tipología completa.

Kostadinova y Levitt (2014) elaboraron una tipología más exhaustiva que incorporaba tanto partidos personalistas como no personalistas, evaluando dos elementos: la capacidad organizativa del partido y su identificación con el líder. Esta clasificación se desarrolló alrededor del liderazgo centralizado (personalismo-centralizado) e incluía a los partidos no personalistas (denominados “partidos institucionalizados”), pero no abordaba la posibilidad de un orden interno personalista-descentralizado.

5. La necesidad de una nueva clasificación: la personalización más allá

Katz (2018) afirmó que la personalización plantea serios desafíos para la democracia de partidos (véanse también Cross, Katz y Pruysers, 2018). Años antes, al considerar una agenda de investigación, Katz y Mair (2020, p. 761) se preguntaban: “Si ya no queda mucho por relacionar entre el votante y lo votado, ¿deberíamos seguir pensando en el partido como una organización?”. Landau y Cohens (2021) sugieren diferenciar entre partidos y vehículos meramente electorales. Aquí se busca construir una tipología sobre la definición minimalista de un partido político —una organización que presenta candidaturas para cargos públicos— y diferenciar partidos en términos del equilibrio de poder dentro de ellos, entre su líder, sus políticos y el partido como equipo.

Integrar a los partidos personalistas en una clasificación de partidos parece oponerse a la razón de ser de los partidos políticos, según la cual son una organización para la acción colectiva (Aldrich, 2011). Sin embargo, al responder a la pregunta: “¿qué es un partido político?”, la academia se refiere explícitamente, en la mayoría de los casos, a dos tipos de actores, el individual y el colectivo. Todas las definiciones incluyen el elemento colegiado, usando diversas palabras para describirlo: “un cuerpo de hombres unidos” (Burke en White, 2006, p. 6), “un grupo de personas” (Duverger, 2020), “una coalición de hombres” (Downs en White, 2006, p. 6), “un grupo” (V. O. Key en White, 2006, p. 6), “una comunidad social relativamente durable” (Chambers en White, 2006, p. 6), “un grupo” (Epstein y Schlesinger en White, 2006, p. 6; Sartori, 1976, p. 63), “coaliciones de élites” (Aldrich en White, 2006, p. 6) y “una asociación libre de personas” (Comisión de Venecia, 2020, p. 21). Así, el partido, que es una parte de la sociedad (Sartori, 1976), también es un agregado de individuos.

Las definiciones difieren, sin embargo, cuando se trata de la naturaleza del agregado: si es simplemente un agregado general de individuos (“hombres” según Burke y Downs en White (2006), o de “personas” según Duverger [2020]); individuos con características específicas (“personas que se consideran a sí mismas afiliadas del partido” o “un grupo de trabajadores más o menos profesionales”, según V. O. Key en White, 2006, p. 6); o agrupaciones (“coaliciones de élites”, como Aldrich en White, 2006, p. 6). Otros no dicen quiénes son los miembros del agregado, pero mencionan individuos que son líderes (Chambers en White, 2006, p. 6) o que buscan cargos públicos (Epstein y Schlesinger en White, 2006, p. 6; Sartori, 1976, p. 63). En una definición más amplia, la Comisión de Venecia (2020, p. 21) sugiere que el objetivo de estos individuos es “expresar la voluntad política de la ciudadanía” y que su principal medio es “la presentación de candidaturas en elecciones”.

La clasificación aquí presentada formula la pregunta: “¿un agregado de qué?”. Un partido puede ser un agregado de un solo individuo prominente y un grupo de sus seguidores (personalismo centralizado); o de un grupo que, como tal, es mayor que la suma de sus componentes individuales (colegiado); o de individuos autónomos en plural (personalismo descentralizado). Al adoptar este enfoque, se aborda un elemento desatendido en la definición de partidos políticos, permitiendo responder preguntas que reflejan variaciones en la lógica básica de la organización de partidos.

Hace dos décadas, Gunther y Diamond (2003, p. 168) introdujeron una nueva tipología, porque “muchos de los partidos que surgieron en el último cuarto del siglo xx tenían características prominentes que no podían capturarse usando tipologías clásicas de partidos desarrolladas un siglo antes”. Como se demuestra, ninguna de las tipologías existentes otorgó suficiente importancia al impacto de la personalización tanto en los partidos nuevos como en los antiguos. Pero, incluso si la motivación inmediata es responder a las necesidades de la investigación sobre partidos en la era de la personalización política, la clasificación aquí propuesta es más que una simple actualización. Ofrece un enfoque que será más resistente a los cambios a lo largo del tiempo y a las diferencias de ubicación porque toca directamente el tema central del poder político y el significado del partido político.

IVLa clasificación: partidos personalistas-centralizados, colegiados personalistas-descentralizados

Los tipos propuestos tienen tres patrones organizativos: (1) partidos personalistas-centralizados que giran total o principalmente en torno a sus líderes, (2) partidos colegiados que se basan principalmente en la toma de decisiones y la autoridad colegiadas y (3) partidos personalistas-descentralizados que son en su mayoría una colección de individuos autónomos (véase la tabla 1, primera fila).6 Estos tipos de partidos se ubican en un continuo con cinco hitos o puntos de referencia (segunda fila). Primero, cabe señalar que algunos de estos términos han sido usados por otros trabajos, pero no necesariamente comparten las mismas características definitorias. En segundo lugar, la clasificación se presenta como un continuo por razones de simplicidad. Si los partidos poseen únicamente características de uno de los tipos propuestos o una combinación de tipos vecinos, entonces el continuo los recoge. Sin embargo, si un partido combina las tres características en un equilibrio triangular, una percepción triangular o un enfoque factorial podría ser más útil.7

En un extremo del continuo, donde el poder se encuentra difuso, está el partido en el que muchos individuos tienen un poder más o menos igual. Pero esto no se trata de todos los individuos. Incluso en un partido muy abierto y participativo, la gente necesita influir en los demás y, en la mayoría de los casos, incluso sus afiliados de base serán pasivos (van Haute y Gauja, 2015). Quienes son activos en este extremo se denominan “activistas de partido” (Schumacher, de Vries y Vis, 2013). En el otro extremo, donde el poder está concentrado, el partido está totalmente controlado por un solo individuo: el líder del partido. En el medio se ubica el partido colegiado; allí, las decisiones principales son tomadas por los órganos internos (por ejemplo, convenciones, comités centrales, comités ejecutivos). Como la toma de decisiones políticas se trata de construir y consolidar mayorías o consensos, no del poder de muchos individuos o de uno solo, este tipo se ubica en el medio. Dos tipos de partido se localizan entre cada extremo y el centro —liderazgo y red—, dando espacio a opciones intermedias.

1. Partidos personalistas-centralizados

Los liderazgos dominan los partidos personalistas-centralizados. Tienen más roles, autoridad y poderes que todos los demás actores internos, sean estos administrativos o políticos. La clasificación propone dos tipos: (1) el partido personal, extremadamente personalista, cuyo líder es su creador y “es dueño” del partido, y (2) un tipo menos personalista, en el cual el líder es dominante debido a la virtud de su posición; el partido que lidera es el creador de su dominio.8

El partido personal: Le parti, c’est moi. El partido personal “pertenece” a una sola persona. No es un subsistema impersonal dirigido por personas en su calidad de titulares de cargos específicos. En cambio, es un partido cuya “única justificación es proveer un vehículo para que el líder gane una elección y ejerza poder” (Gunther y Diamond, 2003, p. 187; énfasis en el original). En términos weberianos, se basa únicamente en la autoridad carismática (aunque el carisma se refleja menos en términos trascendentales y más en el hecho de que el líder sea la fuente de apoyo popular al partido). El líder domina todo, desde la selección de las candidaturas hasta las decisiones de política, desde decidir si entrar —o abandonar— a una coalición gobernante, hasta determinar quién participará en el gabinete y en qué papel. Forza Italia de Berlusconi es un buen ejemplo de este tipo ideal. Los partidos personales rara vez sobreviven a sus liderazgos, a menos que cambien de tipo. Como en el partido carismático de Panebianco (1988), el pegamento organizacional es la lealtad al liderazgo. Debido a que está “débilmente institucionalizado por diseño” (Kostadinova y Levitt, 2014, p. 500; véase también Kefford y McDonnell, 2018; Panebianco, 1988), sus instituciones no pueden contrarrestar al líder.

El partido de liderazgo: personalista, pero legal-racional. En este caso, un individuo obtiene el estatus dominante al ganar el liderazgo del partido. La posición le otorga amplios roles, autoridad y poderes. Influye en la selección de las candidaturas, en la nominación de integrantes de gabinete y cargos legislativos, en el diseño de políticas, en la formulación de la plataforma del partido y en la definición de su agenda. En términos weberianos, su principal fuente de autoridad es legal-racional (a diferencia del partido personal). Los estatutos y reglamentos del partido son la base de su autoridad y una restricción para ella. Una vez que la persona deja la posición, alguien más asumirá todos sus roles, poderes y autoridad.

Tabla 1.
Tipos de partido: unidad(es) central(es)

Tipo

Personalistas centralizados

Colegiados

Personalistas- descentralizados

Personal

Líder

Colegiado

Red

Movimiento

Unidad(es) central(es)

Una persona política específica

Liderazgo del partido

Instituciones del partido

Políticas y políticos

Activistas

Fuente: elaboración propia.

2. El partido colegiado: nosotros, nos, ellos

Los órganos internos dirigen al partido colegiado. Pueden ser pequeños y exclusivos (dirección, comité ejecutivo nacional) o grandes y más inclusivos (Comité Central, Convención, Asamblea). En términos weberianos, la fuente principal de su autoridad es legal-racional (o, como lo llaman Blondel y Thiébault, 2010, burocrático-legalista). A diferencia del partido de liderazgo, el partido colegiado pertenece a un colectivo impersonal. El líder es el primero entre iguales.

Kostadinova y Levitt (2014) desarrollaron un tipo ideal frente al cual compararon y llamaron “partido institucionalizado”. Caracterizaron este tipo de partido de un modo que coincide perfectamente con el estatus de liderazgo en lo que en esta propuesta se denomina partido colegiado: “La alternancia del poder en la cúspide del partido es genuinamente posible en intervalos periódicos. Incluso si los partidos, particularmente en sistemas parlamentarios, eligen mantener o cambiar líderes por razones estratégicas, son ellos quienes eligen a los líderes y no viceversa” (p. 503).

Aunque los elementos colegiados parecen haber sido durante mucho tiempo una característica genérica de los partidos (Calise, 2015), los partidos tradicionales de masas, con múltiples instituciones a varios niveles (nacional, regional, local), son las expresiones más auténticas de este tipo. Pero muchos otros partidos, que fueron transformados de partidos de masas o fueron establecidos como diferentes tipos (partidos atrapalotodo, partidos de élite, etcétera) pueden exhibir al menos algunos elementos que caracterizan a los partidos colegiados.

3. Partidos personalistas-descentralizados

La personalización de los partidos involucra no sólo a sus liderazgos, sino también a sus políticos (personalización descentralizada). Como señala Ignazi (2017, p. 162), “la personalización no se refiere solo al liderazgo superior. Se difunde a lo largo del partido[...] Quien ocupe un cargo en el partido o en las asambleas electas, en cualquier nivel, se identifica a sí mismo o a sí misma como aparte de la estructura del partido”. Con el Internet y especialmente las redes sociales que hoy se han convertido en un elemento central de la política, este tipo de partido tiene mayores oportunidades de desarrollarse y prosperar.

Esta categoría contiene dos subtipos que difieren en sus patrones organizativos: el partido-red y el partido-movimiento. Ambos se basan en redes de relaciones entre individuos, más que en una organización jerárquica con funciones definidas y límites para cada uno de sus niveles y partes; ambos tienen “redes laxas de apoyo de base con poca estructura formal, jerarquía o control central” (Kitschelt, 1989, p. 6). La diferencia más importante entre ellos es que el partido personalista-centralizado tiene como unidad básica al líder, mientras que para el partido-movimiento la unidad básica es cualquier individuo activo en la vida del partido (véase la tabla 1).

El partido-red: todos somos políticos. El partido-red se basa en el entramado de relaciones entre las/los políticas/os individuales. En términos weberianos, las fuentes de autoridad (en plural) son carismáticas (en sentido amplio). Cada persona política tiene su propia base de poder y organización personal (la maquinaria de campaña, la red clientelar y, en el caso de los titulares de los cargos, la red de apoyo). El partido es una confederación de organizaciones personalistas que trabajan juntas bajo el mismo estandarte. Una vez que el proceso de nominación interna se completa, las y los políticos normalmente no compiten entre sí por los mismos cargos y usan la misma etiqueta del partido. Más allá de esto, cada uno es bastante autónomo.

Los partidos políticos se formaron por primera vez cuando las y los representantes (elegidos por electorados exclusivos), cuya identidad era mayormente local, se reunieron en parlamentos y se dieron cuenta de que formar coaliciones permanentes era un medio eficiente y efectivo para promover valores e intereses comunes. No es casualidad que el “partido de élite” del siglo xix (Katz y Mair, 1995, p. 18) presentara características de un partido-red. Estaba centrado en sus políticos y sus unidades básicas eran sus distritos electorales. La descripción de Aldrich (2011, p. 306) del partido político estadounidense contemporáneo encaja con esta clasificación: “Un partido diseñado alrededor de las ambiciones de políticos autónomos, responsables de sus propios distritos electorales y, por tanto, sensibles a las preocupaciones de sus electores individuales”. De hecho, los partidos Demócrata y Republicano de Estados Unidos pueden describirse como redes de miles de candidaturas y personas políticas que compiten por cargos y posiciones públicas en los niveles federal, estatal, local y a nivel de los condados.9

El partido-movimiento: todos somos individuos. El partido-movimiento es una entidad posmaterialista que gira en gran medida en torno al individualismo.10 Este tipo no encaja en ninguna de las fuentes de autoridad de Weber. La definición ideal de su unidad central habría sido cualquier simpatizante individual del partido, pero es necesario adaptarla a la “vida real”, limitándola a las y los activistas. Ellas y ellos, y no un órgano interno colegiado, ni el liderazgo del partido, son la fuente de autoridad. El partido-movimiento se asemeja al modelo de “democracia pluralista” (Katz, 1987; Kölln, 2015), en el que el individuo, más que el partido, constituye la unidad central y la política se conduce con base en la construcción y reconstrucción de acuerdos ad hoc. Las reglas relativas al liderazgo, como la rotación y el liderazgo colectivo, buscan, junto con el empoderamiento de la base, contrarrestar la ley de hierro de Michels (1962). El Partido Verde alemán, cuando fue establecido, estuvo muy cerca de cumplir con este modelo (Poguntke, 1987). Estos ideales siguen siendo rasgos de las reformas que algunos partidos adoptan en la era del individualismo y el personalismo (Gauja, 2018).

V. Una comparación entre tipos de partidos: una operacionalización

La brecha entre las características enunciadas y lo que realmente puede medirse es un problema metodológico inherente a cualquier intento de pasar de una clasificación nominal hacia su operacionalización. Este problema queda evidente al considerar las clasificaciones o tipologías de partidos políticos. Esta sección propone indicadores para abordar esa brecha. Estos indicadores pueden integrarse de varias maneras (por ejemplo, creando un índice combinado o varios índices) y emplearse para diferentes propósitos (comparaciones sincrónicas o diacrónicas; estudios de un solo país o comparativos entre países). La operacionalización propuesta (y su implementación en la siguiente sección) debe considerarse como una prueba preliminar de la viabilidad de esta clasificación, como un ejemplo de una posible operacionalización de esta. En el mundo real, las operacionalizaciones buscan lograr un equilibrio óptimo entre teoría y disponibilidad empírica; se pueden establecer diferentes trayectorias para alcanzar ese objetivo.

La tabla 2 presenta elementos de la organización interna que representan la lógica de la clasificación y que pueden servir como indicadores para identificar tipos de partidos en el mundo real. Esa lógica se relaciona, en primer lugar, con tres acontecimientos centrales en la vida interna de los partidos: selección de candidaturas, selección de liderazgos y formulación de políticas (Gauja, 2017). En segundo lugar, se enfoca en los roles, la autoridad y los poderes del líder. Finalmente, observa la naturaleza del partido en términos de sus afiliados y de su extensión organizativa. Los diferentes tipos de partidos comparten algunas características, aunque cada combinación es única, expresando un enfoque específico hacia la política partidista y generando diferentes incentivos.

1. Selección de candidaturas

Los partidos casi siempre monopolizan las candidaturas y, por tanto, desempeñan el papel de guardianes de acceso a diversos cargos de elección. Sin embargo, difieren en el nivel de inclusividad de sus selectorados (Hazan y Rahat, 2010). En el partido personal, el líder es el único selector; en el partido de liderazgo, el líder desempeña un papel central en la selección de candidaturas, al proponer directamente a algunos de ellos o al sugerir o vetar candidaturas. Las y los delegados que integran los órganos internos suelen ser los selectores en los partidos colegiados. Los partidos personalistas-descentralizados tienden a utilizar métodos incluyentes que permiten que cualquier persona política sea seleccionada mediante el voto de sus seguidores personales (partido-red) o que otorgan a cualquier persona afiliada (y en ocasiones también a quienes son sus simpatizantes) voz en el proceso (partido-movimiento).11

2. Selección de liderazgo

La manera en que se selecciona al liderazgo determina su relación con el partido. Los partidos difieren de nuevo en los niveles de inclusividad de sus selectorados (Pilet y Cross, 2014). El proceso de selección del liderazgo en el partido personal es claro: el líder se “autoselecciona”. El jefe de un partido de liderazgo es seleccionado a través de elecciones primarias, lo que le otorga autonomía y es una fuente de legitimidad frente a otros actores internos. El líder del partido colegiado, al igual que las candidaturas, es elegido por una asamblea de personas delegadas que pretenden mantener a la dirigencia bajo rendición de cuentas ante el partido. En el partido-movimiento, no existe un liderazgo claro. En algunos casos, la persona percibida como líder puede ser seleccionada para ocupar la posición más alta. Como todas las demás candidaturas, un selectorado inclusivo (personas afiliadas, simpatizantes) la elige. En un partido-movimiento, en nombre de empoderar a las bases, se espera que las personas afiliadas influyan en la selección de liderazgos.12

3. Formulación de políticas

En el partido personal no existe un proceso de formulación de políticas más allá de las reacciones del líder a problemas específicos en tiempo real. En el partido de liderazgo, el líder conduce y generalmente logra obtener pleno respaldo de su partido, en tanto entienda los límites de su margen de maniobra, que suele ser relativamente amplio. En los partidos colegiados, nuevamente, los órganos internos debaten y deciden. En los partidos personalistas-descentralizados, los dos tipos —partido-red y partido-movimiento— emplean mecanismos similares, aunque por diferentes razones, ya que existe una diferencia fundamental en sus modos de operación. Las personas políticas pertenecen al partido-red porque cada uno constituye una red en sí misma; más allá de eso, cada político es un actor en la formulación de políticas. Los partidos-movimiento, al buscar empoderar a las bases, permiten que sus simpatizantes influyan en la formulación de las políticas.

4. Roles, autoridad poderes del líder

El líder del partido tiene control absoluto de todos los roles, la autoridad y los poderes en el partido personal y un alto nivel de control en el partido de liderazgo; control moderado en el partido colegiado, cuyos órganos internos buscan mantenerlo bajo control; y control limitado en ambos tipos de partidos personalistas-descentralizados. El grado de control del líder puede medirse en función del número (y la relevancia) de los posibles roles y atribuciones que concentra, tales como convocar y dirigir reuniones de los órganos internos, decidir la participación en una coalición o controlar recursos del partido (presupuesto, personal).

Además, en cada partido pueden existir varios roles de liderazgo potencialmente desempeñados por diferentes personas o solo por una.13 En el partido personal, el líder ocupa todos estos cargos, mientras que en el partido de liderazgo concentra la mayoría de ellos. El partido colegiado típicamente distribuye sus posiciones de liderazgo entre diferentes individuos. En el partido-red no existe un liderazgo claro, pero diferentes personas son percibidas como quienes ejercen estos roles. En el partido-movimiento, como estrategia de contrapeso frente a tendencias oligárquicas, incluso un solo rol puede dividirse entre diferentes personas.

5. Afiliación (incluyendo otros tipos de participación)

La afiliación y otros tipos de participación en los partidos difieren sustancialmente entre los tipos de partidos.14 El partido personal puede no tener personas afiliadas, o bien tener personas afiliadas o simpatizantes desprovistos de poder. Aquellos que participan en el partido lo hacen porque el líder los llevó ahí; él los recluta y también puede destituirlos. En el partido de liderazgo, los afiliados semi-empoderados son una fuente adicional de legitimidad para el líder y refuerzan su autonomía frente a los órganos internos. El estatus de la afiliación del partido colegiado es más definido, con obligaciones mínimas (como el pago de cuotas) y derechos limitados, pero distintos (delegar en los órganos internos o en cuerpos de selección de candidatos). El partido-red admite a cualquiera que quiera involucrarse en la selección y elección, pero no ofrece nada más allá de esas funciones. El partido-movimiento acepta a cualquiera que esté dispuesto a involucrarse en las actividades que realiza el partido y que busque empoderarlo.

Tabla 2.
Características de los cinco tipos ideales

Elemento

Personal

Liderazgo

Colegiado

Red

Movimiento

Selección de candidaturas

El líder es el único selector

Papel significativo para el líder del partido

Los órganos internos desempeñan el papel central

Primarias*

Primarias*

Selección de liderazgo

Autoselección

Afiliados del partido

Delegados del partido

Primarias*

Primarias*

Formulación de políticas

El líder del partido en tiempo real

Papel significativo para el líder del partido

Órganos internos

Políticos del partido

Activistas del partido

Roles, autoridad y poderes del líder

Control absoluto de un solo líder

Líder dominante

Primero entre iguales

Sin líder claro

Limitado y colegiado

Membresía de partidos

Sin afiliados o con afiliados/afiliados desposeídos

Cerrada a semi-cerrada; estatus claramente definido en parte

Cerrada; estatus claramente definido

Abierta; semi-empoderada

Abierta; empoderada

Ejemplos

Forza Italia (Italia), Partido por la Libertad (Países Bajos), Unión de Centro Democrático (España)

Agrupación Nacional (Francia), La Liga (Italia), Herut (Israel)

Partido Laborista (Noruega), Partido Socialdemócrata de los Trabajadores de Suecia (Suecia), la mayoría de los partidos europeos en las décadas de 1950–90

Partido Demócrata (EEUU.), Partido Republicano hasta hace poco (EEUU.), muchos partidos latinoamericanos

Demócratas 66 (Países Bajos), NEOS (Austria), Écolo (Bélgica)

Fuente: elaboración propia.

* Según la definición de Kenig et al. (2015, p. 152): “Las primarias son aquellos métodos de selección en los cuales el peso acumulado de la influencia de los afiliados del partido, simpatizantes y/o votantes es igual o mayor que el de todos los demás selectorados más exclusivos combinados”.

VILa nueva clasificación en el “mundo real”

Para demostrar la validez y utilidad de la clasificación propuesta, esta sección identifica casos en varios países que se acercan en sus rasgos a los tipos puros propuestos. También recoge casos intermedios interesantes y evidencia cómo la clasificación resulta útil para analizarlos. Pero antes resulta necesario plantear algunas advertencias.

Al examinar “el mundo real”, es posible encontrar dos relatos sobre los partidos. Uno es el relato oficial y formal que se cuenta a través de los estatutos y reglamentos de los partidos. El otro es la “historia real” que, si bien podría asemejarse al relato oficial, puede ser totalmente distinta, aunque por lo general se sitúa en algún punto intermedio. A veces no existe una historia oficial disponible. Los relatos informales y no oficiales no se distribuyen de manera aleatoria entre los tipos de partidos, sino que, por varias razones, suelen sesgarse hacia la versión colegiada. Primero, en muchos casos, los estatutos partidistas imponen una infraestructura colegiada. Segundo, el modelo colegiado fue la norma durante décadas y, aun cuando los partidos cambiaban, añadían características personalistas sin eliminar sus atributos colegiados, al menos en apariencia. La estructura colegiada prevalecía como punto de referencia para los nuevos partidos. Sólo aquellos que realmente invertían en su estructura y funciones organizativas redactaban una nueva historia. Algunos simplemente replicaban los estatutos establecidos y regulaciones que nunca tuvieron la intención de cumplir. Finalmente, en algunos casos, las normas sociales comunes que rigen a los partidos desde la historia “real” hablan de un líder poderoso en un país con una cultura política democrática o en contextos en que su organización gira en torno al clientelismo y al patronazgo. Así, nuestra incursión en el mundo real no se basa únicamente en fuentes oficiales documentadas (ppdb, 2021), sino también en estudios de caso que van más allá de las historias oficiales.

Tomemos a Silvio Berlusconi. Fue el fundador, alma y líder indiscutido de Forza Italia (1994-2009; 2013-) y del Pueblo de la Libertad (2009-13). Él seleccionaba sus candidaturas o, mejor dicho, porque había miles de candidaturas, seleccionaba a muchas y podía vetar a cualquiera. Aunque sus partidos tenían afiliados y simpatizantes, estos nunca fueron empoderados (Kefford y McDonnell, 2018). El Frente Nacional francés mostró características similares entre 1972 y 2011 bajo Jean-Marie Le Pen (Ivaldi y Lanzone, 2016), como también lo hicieron los numerosos partidos personalistas de Alberto Fujimori en Perú durante la década de 1990 (Levitt y Kostadinova, 2014). El líder del Partido por la Libertad de los Países Bajos, Geert Wilders, disfrutó del control total en un partido en el que era el único miembro (Mazzoleni y Voerman, 2017). A estos ejemplos bien conocidos se pueden añadir otros partidos de vida corta, como el United Party de Clive Palmer en Australia (Kefford y McDonnell, 2018) y la Unión de Centro Democrático española (Hopkin y Paolucci, 1999). Este fenómeno es más común en la derecha, especialmente entre partidos populistas y extremos, aunque existen también ejemplos de partidos de centro y centroizquierda en Israel (PPDB, 2021), Italia (Calise, 2015; Pasquino, 2014), Bulgaria y Perú (Levitt y Kostadinova, 2014).

Como se señaló antes, las bases de datos que se centran en la historia oficial, como la ppdb (donde tales partidos aparecen caracterizados por datos de “no hay información” y “no aplica”), no son fuentes idóneas para identificar a los partidos personalistas. Una manera de crear una lista de partidos que probablemente sean personales es consultar la base de datos de Variedades de la Democracia (V-Dem) (2021) sobre partidos políticos, específicamente las dos preguntas que abordan la selección de candidaturas y la personalización de los partidos. Lo más probable es que, en aquellos partidos en los que las personas codificadoras perciben al líder como el único selector y lo identifican como el actor cuya voluntad y prioridades personales son centrales en el partido, exhiban también las demás características aquí propuestas (38 partidos cumplen estos criterios).

Los partidos de liderazgo a veces se originan en una transformación de un partido personal, como ocurrió con el Frente Nacional francés, cuando Marine Le Pen reemplazó a su padre como líder tras las elecciones primarias (Ivaldi y Lanzone, 2016). Aunque solo el tiempo dirá si este desarrollo fue realmente una democratización del partido —que cambió su nombre a Rassemblement National—, ciertamente constituyó un movimiento hacia su institucionalización. La Liga Norte italiana (más tarde renombrada Lega) es otro ejemplo de un partido más cercano al tipo personal bajo su primer líder (Umberto Bossi), pero que se convirtió en un partido de liderazgo con sus nuevos dirigentes, Roberto Marone y Matteo Salvini (MacDonnell y Vampa, 2016). El Partido Likud israelí (1949-88) y más tarde el Likud (1988-) también son ejemplos de partido de liderazgo personal (Shapiro, 1991). A lo largo de su historia hubo momentos en los que mostraron características de partido colegiado y otros (más recientes) en los que avanzaron hacia el partido personalista. Muchos partidos colegiados se transformaron en partidos de liderazgo bajo la influencia de liderazgos carismáticos. El Partido de los Agricultores de Hungría comenzó con una plataforma colegiada, pero a lo largo de los años se transformó en partido de liderazgo (Biezen, 2005; Hloušek, 2015); en años recientes ha asumido cada vez más rasgos personalistas.

La personalización de la política ha reducido el número de partidos que son puramente colegiados. Una encuesta realizada a varios partidos europeos (ppdb, 2021) revela que la mayoría tiene una plataforma colegiada con algunas características personalistas. Algunos, especialmente conservadores, democratacristianos y liberales que compiten con rivales populistas y de extrema derecha, añadieron rasgos centralizados-personalistas que fortalecieron el poder de sus liderazgos; otros, en especial socialdemócratas que compiten con rivales verdes, añadieron rasgos descentralizados-personalistas que empoderaron a sus afiliados. Los partidos que prácticamente conservaron sus características colegiadas (con algunos matices) son los partidos noruegos y suecos (PPDB, 2021). Sus funciones principales —selección de candidaturas, formulación de políticas y decisiones adicionales— siguen realizándose por instituciones colegiadas, involucrando a sus afiliados en las decisiones internas sólo o predominantemente a través de delegados.

Siguiendo la investigación de Samuels y Shugart (2010) sobre partidos en sistemas presidenciales y parlamentarios, se esperaría encontrar partidos-red en democracias presidenciales. Tanto los partidos estadounidenses como los republicanos “debajo” de Trump parecen haber adoptado rasgos de un partido personalista (por ejemplo, la participación explícita de Trump en la selección de candidaturas y su dominio en la formulación de políticas). Lo mismo ocurre en muchos partidos de América Latina, aunque las organizaciones más relevantes son informales, basadas en redes personalistas de patronazgo, dirigidas por jefes locales y regionales que compiten entre sí o apoyan a “sus” candidaturas (Freidenberg y Levitsky, 2006). Como señala Petrova (2020, p. 4): “La actividad parece recaer en los hombros de los políticos individuales capaces de movilizar votantes y recursos durante períodos electorales”. Así, la clasificación propuesta, al centrarse en el personalismo frente a la colegialidad, permite integrar tanto a los partidos políticos estadounidenses —que habían sido considerados excepcionales porque no encajaban en tipologías existentes (Ware, 2006)— como a los partidos latinoamericanos, organizados de manera laxa (o diferente), en una clasificación universal y comparativa.

Las características atribuidas a los partidos-movimiento no sólo se encontraron, como era de esperarse, en muchos partidos verdes, sino también en partidos menores como los Demócratas 66 de los Países Bajos y los neos de Austria. El caso más puro fue el partido ecológico belga, con liderazgo colectivo y afiliados empoderados que seleccionaban a sus co-liderazgos y candidaturas e influían en la política partidista mediante congresos y referendos abiertos (ppdb, 2021).

Algunas transformaciones de partidos que implican el paso de un tipo a otro merecen mención adicional. La característica más interesante en la mayoría de los partidos recientes que no encajan en un tipo puro es que combinan rasgos centralizados y descentralizados-personalistas y evitan, en la medida de lo posible, rasgos colegiados. Esto se observa en varios partidos importantes recientes, como el italiano “Cinco Estrellas”, el francés “En Marche”, el “Kadima” israelí y, aparentemente, el español “Podemos”. Estos partidos tienen liderazgos poderosos, afiliados relativamente empoderados y órganos internos débiles. Esta combinación podría denominarse “plebiscitaria” (Vittori, 2021) y puede sustentar la afirmación de que la clasificación no se organiza en un continuo, sino en un triángulo de poder entre individuos, grupo y líder.

VII. Ventajas limitaciones de la clasificación propuesta

Existen dos justificaciones para una nueva clasificación. La primera es la ausencia de una clasificación que capture los tipos de partido en la era de la personalización política y la segunda es que la clasificación propuesta es más que una simple actualización, porque se basa en los factores determinantes para el poder político y la razón de ser de los partidos. La evaluación de la clasificación propuesta se basa en varios criterios: simplicidad y parsimonia, universalidad, utilidad y resistencia en el tiempo. Esto no constituye un llamado a abandonar otras tipologías de partidos ni pretende afirmar la superioridad de esta en todos los aspectos, sino más bien sustentar su inclusión entre las tipologías especializadas.

1. Simplicidad parsimonia

Las tipologías y clasificaciones de partidos varían en su simplicidad. Por ejemplo, Gunther y Diamond utilizan tres criterios y proponen 15 tipos de partidos, mientras que Wolinetz (2002) propone un único criterio y tres tipos de partidos. Las tipologías complejas y amplias, al cubrir más factores, pueden reflejar mejor la variación y dar más margen a las variables que afectan la naturaleza de un partido (Gunther y Diamond, 2003). Pero también pueden ser criticadas, porque “una profusión de categorías puede confundir tanto como aclarar” (Wolinetz, 2002, p. 137). En efecto, siempre hay una tensión entre simplicidad y complejidad, concisión y profundidad.

La clasificación que aquí se propone es relativamente simple. Se basa en un solo criterio comparable y comprende cinco tipos de partidos que pueden identificarse usando estándares comunes. Ese único criterio es la relación de poder entre el partido personalista (con sus dos variantes) y el colegiado. No “cae en la argumentación reduccionista”, porque presenta “una evaluación cuidadosa de la evidencia relevante” que atestigua su “importancia primordial” (Gunther y Diamond, 2003, p. 170). Por su propia naturaleza, las tipologías y clasificaciones “privilegian” un criterio, dos o más; cualquier tipología o clasificación debería venir acompañada de una advertencia sobre este sesgo. El mérito de ofrecer un solo criterio radica en que permite un posterior desarrollo, si se advierte que existe una fuerte correlación entre el criterio propuesto y otros criterios (por ejemplo, la tendencia ideológica). En cambio, si la plataforma base es rica en detalle, crea desde el inicio una tipología no inclusiva y no universal, porque nuevas innovaciones se desarrollarán tarde o temprano.

Esta clasificación es simple y parsimoniosa: ofrece un universo completo, incluyente, pero no demasiado exigente, con espacio para todos los partidos —no solo para aquellos que encajan en las categorías específicas—. Este espacio puede expandirse para incluir combinaciones con diferentes grados de colegialidad y personalismo, y fácilmente convertirse en un continuo o, incluso, en un espacio bidimensional. La simplicidad y la parsimonia aumentan las probabilidades de que la clasificación propuesta viaje con mayor facilidad a través del tiempo y el espacio y sea apta para su operacionalización, como se expone a continuación.

2. Universalismo

Gunther y Diamond (2003, p. 190) sostienen que “para que una tipología de partidos sea útil en un análisis comparativo amplio y trans-regional, debe permitir la emergencia de tipos distintos en contextos sociales muy diferentes”. Los ingredientes de la clasificación que aquí se propone son universales: individuos y grupos, poder y problemas de acción colectiva. Además, la clasificación se refiere a las organizaciones de partidos, sin sesgo ideológico, sin inclinación prodemocrática o antidemocrática, y sin necesidad de vinculación a elementos externos en el entorno político, social, cultural o tecnológico en que opera el partido.

Subrayar la distinción universal entre lo personalista y lo colegiado sirve como remedio para el sesgo de varias tipologías existentes en Europa Occidental (Gunther y Diamond, 2003; Wolinetz, 2002). Muchos partidos de otras regiones del mundo, que operan bajo diferentes culturas políticas y contextos institucionales (sobre presidencialización, véanse Passarelli, 2015; Samuels, 2002; Samuels y Shugart, 2010), nunca experimentaron el modelo colegiado de los partidos de masas. Esta clasificación ofrece mucho más espacio que las anteriores para los partidos menos colegiados, más personalistas, que existen en esos países.15

3. Resistencia en el tiempo

Las tipologías de partidos a veces no resisten cambios sustantivos en la naturaleza de estas organizaciones (Wolinetz, 2002). La clasificación aquí propuesta es más resistente a los cambios en el tiempo, porque se centra en lo básico: el poder y la razón misma de la existencia de los partidos (en términos de acción colectiva). Esto elimina la necesidad de desarrollar nuevos tipos de partidos cada vez que aparece una innovación aparentemente transformadora, ni tampoco exige “estiramiento conceptual” (Gunther y Diamond, 2003). Esta afirmación puede validarse parcialmente, analizando la evolución de los partidos políticos. Es posible contar la historia de su surgimiento y consolidación mostrando cómo se volvieron más colegiados. Nuevos capítulos han sido añadidos a esta historia en las décadas recientes, indicando un giro brusco de la dirección hacia la personalización de los partidos existentes y la emergencia de nuevos partidos personalistas.

4. Utilidad

Wolinetz (2002, p. 149) argumentó que una tipología o clasificación de partidos debe “reflejar las preguntas que nos interesan. [...] No existe un esquema universalmente válido, más bien la utilidad de un esquema depende en parte de lo que queremos saber y[...] una clasificación útil para un propósito puede no serlo para otro”. La utilidad es un criterio importante, porque las tipologías se crean para ser aplicadas, no para quedar guardadas en un cajón. Wolinetz agregó: “La utilidad de un esquema depende de nuestra capacidad para encontrar indicadores de los conceptos clave o de las orientaciones, así como del grado en que podemos usarlos para plantear y poner a prueba hipótesis acerca de la diferencia que ello implica” (p. 153).

La clasificación propuesta, a diferencia de otras, permite operacionalizar casos y combinaciones intermedias gracias a su lógica espacial y continua. Además, aunque fue construida para ser sincrónica y responder a desarrollos actuales, puede usarse de manera diacrónica para identificar los cambios. Finalmente, la posibilidad de desarrollar tales mediciones permite usar los tipos de partidos como variable en los análisis complejos con una n grande, orientados a responder preguntas sustantivas sobre cuestiones como personalismo y personalización en general, populismo y representación. Nuevamente, todas estas ventajas quedan evidentes dentro de los límites de las preguntas planteadas y las posibles respuestas.

5. Limitaciones

El foco en un solo criterio no solo es una ventaja, sino que también implica una limitación de la clasificación. Para observar más allá del eje centralizado-descentralizado, personalista-colegiado, deben añadirse elementos de otras clasificaciones (por ejemplo, Bolleyer, 2011, como se indicó previamente). Otra limitación se refiere a su relación con el mundo real. Se demostró que es posible hallar casos que caen fuera de los tipos propuestos. Sin embargo, sólo un mayor diálogo con casos reales, que rebasa el alcance de este estudio, permitiría diseñar una operacionalización viable, confiable y válida para usarse en un estudio de gran escala aprovechando las nuevas bases de datos disponibles en la actualidad.16

VIII. Conclusión: el futuro de los partidos en la era del personalismo

Se ha dejado en evidencia la existencia de procesos tanto de despersonalización como de personalización política en las democracias. Las políticas personalistas del siglo xix (y dentro de ellas los partidos personalistas) fueron transformaciones desde sistemas impersonales con partidos colegiados. En décadas recientes, comenzó un proceso inverso y los partidos personalistas retornaron, aunque de una manera distinta a la del pasado. Esto implica que lo “colegiado” no es una constante en la naturaleza de los partidos, sino que coexiste en cierto equilibrio, de distintos grados, con el componente personalista. Esta constatación puede abrir interesantes líneas de investigación.

Una ruta posible podría enfocarse en los partidos y examinar más a fondo el vínculo entre el tipo de partido y su ideología, edad o tamaño; otra podría explorar las consecuencias de los tipos de partido: su influencia sobre los políticos (por ejemplo, en la cohesión y la unidad del partido) o sobre el comportamiento de los votantes (por ejemplo, el peso de las evaluaciones del liderazgo, el partido y la candidatura sobre el voto), cómo son cubiertos por los medios, y mucho más. Además, estudios futuros podrían utilizar la diferenciación propuesta como una de varias causas o consecuencias de los fenómenos generales de personalización, populismo o erosión democrática.

IX. Referencias

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Recepción: 25 de julio de 2025

Aceptación: 17 de septiembre de 2025

Publicación: 11 de noviembre de 2025

Gideon Rahat. Israelí. Doctor en Ciencia Política por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ocupa la Cátedra de la Familia Gersten en Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Su investigación se centra en la política de reforma, las instituciones democráticas, los partidos políticos, la selección de candidaturas y liderazgos, y la personalización política.
Correo electrónico: msgrah@mail.huji.ac.il

Cómo citar

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Rahat, Gideon, “Tipos de partidos en la era de la política personalista”, Revista Mexicana de Derecho Electoral, México, vol. 12, núm. 22, enero-junio de 2025, e20492. https://doi.org/10.22201/iij.24487910e.2025.22.20492

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Rahat, G. (2025). Los organismos electorales subnacionales en América Latina: tipología y evolución. Revista Mexicana de Derecho Electoral12(22), e20492. https://doi.org/10.22201/iij.24487910e.2025.22.20492

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Rahat, Gideon. (2025). Los organismos electorales subnacionales en América Latina: tipología y evolución. Revista Mexicana de Derecho Electoral12(22), e20492. https://doi.org/10.22201/iij.24487910e.2025.22.20492


  1. 1 Este texto se tradujo con autorización del autor y de la revista que lo publicó originalmente en inglés, en Rahat, Gideon (2024). Party Types in the Age of Personalized Politics. Perspectives on Politics, 22(1), 213-228. https://doi.org/10.1017/S1537592722000366

    Esta investigación fue apoyada por la Isareli Science Foundation (Grant no. 1835/19). El autor agradece a Noam Gidron, Reuven Hazan, Ofer Kenig, Helene Helboe Pedersen y a los cuatro dictaminadores anónimos por sus valiosos comentarios.

    Este artículo fue traducido por Karolina Gilas.

  2. 2 Una de las personas que dictaminó este artículo señaló que una “clasificación”, como aquí se ofrece, tiene un criterio, mientras que una tipología contiene más. Procurando precisión, utilizo ambos términos en sus contextos adecuados.

  3. 3 Para una discusión sobre los pros y contras de las tipologías y los estándares que deben observar, véase Collier, LaPorte y Seawright (2012).

  4. 4 Sobre el personalismo y sus tipos, véase Pedersen y Rahat (2021).

  5. 5 La presidencialización no equivale a la personalización, pero sus características principales implican personalización política.

  6. 6 Si los partidos personalistas son menos (o más) programáticos que los colegiados es una cuestión empírica y no se aborda aquí.

  7. 7 Un partido puede adoptar características descentralizadas, centralizadas y personalistas simultáneamente. Como se indicó antes, esta combinación existe, aunque aún es bastante rara.

  8. 8 La investigación de Kostadinova y Levitt (2014) inspiró esta diferenciación, aunque no necesariamente es idéntica en sus especificaciones.

  9. 9 La escuela de ucla de la política de partidos vería a los partidos como redes, pero el núcleo de sus investigaciones son actividades e intereses (Cohen et al., 2009; Bawn et al., 2012). Este enfoque es relevante para el estudio de la política estadounidense. Sin embargo, cargar esta característica en la clasificación ofrecida aquí (como otras características) limitaría su capacidad para cubrir suficiente base comparativa. Como se describió antes, los partidos-red en muchos países no solo conectan grupos de interés, sino también otros tipos de actores, como redes clientelares de jefes locales y regionales.

  10. 10 Este tipo difiere de lo que Gunther y Diamond (2003) y Kitschelt (2006) llaman un “partido-movimiento”. No incluye al Partido Radical de Derecha, cuyas instituciones son típicamente centralizadas-personalistas. Este enfoque recibe apoyo de Schumacher, de Vries y Vis (2013).

  11. 11 Sobre métodos de selección de candidaturas y personalización política, véase Rahat y Kenig (2018).

  12. 12 Sobre métodos de selección de liderazgo y personalización política, véase Rahat y Kenig (2018).

  13. 13 El cuestionario de la Political Parties DataBase (Poguntke, Scarrow y Webb, 2017) propone cuatro de esos roles: jefe del grupo parlamentario, líder de facto del partido nacional en la organización extralegislativa, candidato principal del partido y líder político más importante del partido nacional.

  14. 14 Algunos partidos tienen otros tipos de participación, además de la “afiliación” convencional. Sin embargo, ser una persona afiliada no siempre requiere mucho, dejando difusas las fronteras entre la afiliación y otras formas de participación.

  15. 15 La clasificación también podría ser útil para partidos en contextos no democráticos, aunque en ese caso requeriría un conjunto diferente de indicadores al aquí descrito.

  16. 16 PartyFacts (2021) es una vía de acceso recomendada a estas bases de datos.

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