TE QUIERO, QUIERO SER YO Y EN 1940 MORIR...

miércoles, 28 de enero de 2026

LA GUERA EN EL KALI YUGA

 


Las batallas que configuran la Guerra.
El mundo arde en guerras y conflictos porque cada uno de nosotros alimentamos a la bestia de la violencia, el odio, el rencor y la venganza en nuestro propio corazón, con las cosas que nos afectan y nos duelen. No hemos aprendido, como los soros del planeta, los Rockefeller, los Gates ha curar las heridas que nuestras propias ambiciones y miedos nos van produciendo en el alma. El mundo es un espejo de nuestra propia codicia, por obtener lo que creemos nos va a dar la seguridad que nuestro miedo necesita para sentirse a salvo. ¿A salvo de qué? Si la bestia que vemos reflejada en los conflictos armados del planeta está viviendo oculta en nuestras entrañas y se revuelve cuando el otro expresa el dolor que nos produjo y nos señala nuestra falta de ecuanimidad.
Porque ser ecuánimes es estar libre del sufrimiento propio y ajeno. Es mirarse con el coraje de la objetividad y tomar cuenta de todo lo que nos queda por pulir en nuestro interior, dejar de mirar como víctimas hacia el exterior y reconocer que esa rabia que me muerde, esa sed de venganza por lo que me hicieron o me dejaron de hacer, es una respuesta “lógica”, desde la dinámica del ego, que vive amurallado, en tener siempre la razón, pero no es la que apaga la raíz de toda guerra, mi yo, mi mi, mi mío, como lo único que importa en el universo.
El examen de conciencia, ver donde fallamos nosotros para que esa circunstancia se haya gestado y poder aplicar el remedio primero en uno mismo, para que las emociones más destructivas no crezcan devorándolo todo a su paso, es la única salida del auténtico guerrero espiritual. Esa es la única guerra que deberíamos realizar todos los humanos en un momento de la historia donde los infiernos del sufrimiento están totalmente abiertos y son tan altas las llamas que llegan a un Cielo que vendrá a repartir justicia y, entonces, sí veremos la viga en el ojo propio y esa será la salvación, dejar de mirar hacia afuera en la paja ajena y girar la mirada hacia el interior y pedir perdón a Dios, por tanta oscuridad de conciencia en la que hemos vivido la vida, sin amor, con el corazón endurecido por las heridas que no supimos ni quisimos gestionar desde la única dimensión que se curan.
Viendo que el mundo está ardiendo por falta de amor, por falta de caridad, de sabiduría, y que se nos ha secado el aceite y nuestra lámpara ya no ilumina con bondad ni generosidad, sino con odio, rabia, recelo, desconfianza, quemando nuestra alma, haciéndola estéril, quemando nuestro cuerpo en batallas contra el prójimo, azuzadas por una batalla oculta que no sabemos como calmar y arde silenciosa en nuestro interior devastándolo todo, a nosotros mismos y a nuestro prójimo.
Qué fácil es juzgar al mundo y a los malvados del mundo, cuando nosotros en nuestras propias batallas por los recursos escasos del amor que no nos damos, nos hemos sumado al ejercito que está devastando el mundo. De este terrible laberinto solo se sale por arriba. Despierta querido hermano, querida hermana, el mundo está necesitado de nuestro ejemplo, de nuestro despertar.
Cargar contra el que nos ofende, es cargar con el enemigo equivocado, la ofensa yace en nosotros como un veneno, porque nos hemos identificado con el personaje equivocado, alguien carente de amor y sabiduría, que se ofende a sí mismo, por vivir una vida vacía de ideales, de principios, y cualquier dedo que señale su realidad oculta tras su personaje es el enemigo a batir, cuando es el mensajero de Dios para que rectifiquemos lo que aún no está bien cocinado, antes de que la muerte nos visite y nos examine en el Amor.
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