EL MORISCO RICOTE: CUANDO CERVANTES CRITICÓ LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN EL QUIJOTE
Odiados por los cristianos viejos, los moriscos eran rechazados por una Corona, que veía con inquietud la posibilidad de una sublevación que actuase como una quinta columna de los piratas berberiscos, los turcos o los franceses. La Iglesia, con toda lógica, dudaba de la sinceridad de su conversión. De este modo, los moriscos devinieron en una masa objeto de toda clase de sospechas y de difícil integración, por cuanto suponía la pervivencia dentro de España de un pueblo inasimilable y hostil. En varias ocasiones se pensó en decretar su expulsión, pero la medida se fue posponiendo una y otra vez. Por un lado, por las presiones de la nobleza aragonesa y valenciana, que se beneficiaba de este régimen de semiesclavitud, que les permitía disponer de una mano de obra muy barata. La Iglesia, por su parte era partidaria de conceder tiempo, ya que consideraba que una total conversión requería de una prolongada asimilación en las creencias y sociedad cristianas. El campesinado, sin embargo, los veía con resentimiento y los consideraba rivales. Finalmente, Felipe III, decretó su expulsión en 1609.
La experiencia personal de los cinco años que Cervantes estuvo cautivo en Argel (entre 1575 y 1580), se manifiesta claramente en varias obras de teatro, como “Los baños de Argel” y “Los tratos de Argel”. Cervantes se refirió a la presencia morisca en muchas de sus obras: en una de las novelas ejemplares, “El coloquio de los perros”, pero sobre todo en varios capítulos de “Los trabajos de Persiles y Sigismunda” y en la segunda parte de “Don Quijote de la Mancha”. A muchos estudiosos les ha llamado la atención la aparentemente contradictoria representación que de los moriscos hace Cervantes en sus obras, lo que dificultaría definir su Ideología respecto a la cuestión.
En los últimos años del siglo XVI y primeros del XVII se asistió a una verdadera campaña de opinión contra los moriscos, debida en parte a las relaciones contenidas en los pliegos sueltos que tan amplia difusión tuvieron en la época. Pero después de la expulsión de los años 1609-1614, una parte de esa opinión, especialmente en los sectores intelectuales, tomó conciencia del drama humano que había representado el destierro y de las consecuencias económicas y demográficas, nefastas para España, de tal expatriación. Cervantes, en conclusión, no parece compartir el odio que algunos profesaban contra esta minoría, ni parece aceptar los argumentos con que se justificó su expulsión.
Pero es en el episodio de Ricote, uno de los más conmovedores de la Segunda Parte del Quijote, donde palpamos el drama de esta comunidad. Ricote, un convecino de Sancho al que inesperadamente encuentra en el camino y que tiene “más de cristiano que de moro”, simboliza el caso de millares de inocentes que, divididos entre dos culturas, no dejaban de ser leales súbditos de su rey.
Que Cervantes diera el nombre de Ricote al protagonista de un célebre episodio del Quijote dista mucho de ser una elección al azar. Que Cervantes opte por este nombre puede obedecer a una razón: la de los moriscos del valle murciano de Ricote, en la Vega del Segura, que en 1609 eran unos dos mil quinientos, sobre cuya sincera cristiandad no cabía la menor duda, pero que fueron finalmente incluidos en el decreto de expulsión. Por esa razón Cervantes eligió precisamente el nombre de este valle, escenario del último y más lamentable capítulo del destierro, a fin de recordarnos la inútil crueldad de la expulsión. Ricote era lo mismo que recordar toda la crueldad que suponía la expulsión de unos españoles por otros españoles……………….........................................................................……………….. .......…………….……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

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